Saltó a la fama tras interpretar a Harry Osborn, el hijo y sucesor del "Duende Verde" en la trilogía de "El hombre araña". Sin embargo hoy, a los 32 años, James Franco se ha convertido en el chico dorado de Hollywood. Y hay varias razones para este título: recibió una nominación al Oscar por su trabajo en "127 horas", la última película de Dany Boyle que llegará a los cines tucumanos en los próximos días; será conductor de la ceremonia de los Oscar el próximo 27 de febrero junto a la actriz Anne Hathaway; acaba de dirigir un cortometraje que presentó en el Festival de Sundance; y está a punto de dictar una cátedra de edición de video en la prestigiosa Universidad de Columbia (Nueva York). Además, está negociando su debut en un musical de Broadway, la última frontera que le faltaba sortear. Con este impresionante currículum, Franco bien podría ser considerado la estrella joven más prominente de Hollywood.
De hecho, en los próximos meses su nombre figurará en dos estrenos y una colección de relatos. Estuvo en la tapa de la edición estadounidense de GQ, que lo proclamó "Hombre del Año", y es la nueva cara de la exclusiva casa Gucci para su nuevo perfume de hombre. Todo lo cual parece extraño para un actor joven que empezó a evadir a Hollywood luego de la tremenda exposición que significó encarnar al amigo de Peter Parker en "El hombre araña".
Cuatro años atrás, Franco había vuelto a la escuela, enrolándose en cursos de literatura y escritura creativa en la Universidad de California, que había abandonado diez años atrás. Lo disfrutó tanto que se mudó a Nueva York y se anotó en cuatro cursos diferentes -dos de escritura de ficción, uno de poesía y uno de dirección de cine- en cuatro instituciones diferentes. Ahora está en la Universidad de Yale estudiando una licenciatura en Inglés y en Cine. "La escuela me trae a tierra. Es una manera de estudiar a otros artistas, escritores y cineastas, y alejarme de todo esto", aseguró recientemente.
La prensa especializada considera a Franco un espécimen extraño. Como escribió uno de los periodistas que lo entrevistó, su carrera se ve cada vez más como una pieza de performance "a medida que se desliza de Jake Gyllenhaal a Andy Warhol". El año pasado el joven actor disfrutó de un breve paso por la telenovela estadounidense Hospital General interpretando a un absurdo artista multimedia llamado... Franco. Ahora, despierta toda la atención de la prensa por su trabajo en "127 horas", por el que recibió una nominación al Globo de Oro y también al Oscar. En la película, Franco aparece en todas las escenas a lo largo del filme. Es casi el único protagonista e interpreta a Aron Ralston, el montañista que quedó atrapado en Utah en 2003 y sólo se salvó cuando se amputó su propio brazo.
Hay algunos personajes menores sólo al comienzo y al final de la película, con lo que Franco se ve forzado a mantener la atención en la pantalla por sí mismo durante más de una hora: un logro destacable, y quizás otro ejemplo de su amor por el arte de la performance. El actor admite que se volvió un poquito loco con eso de estar en un estudio gigantesco trabado en una misma posición durante más de cuatro semanas. "Pensé que no lo iba a lograr, pero al final pude rodar esa cruda escena", confesó. Una escena que produjo repulsión durante el estreno en Estados Unidos. Al punto que muchos espectadores tuvieron que salir de la sala. "Soy feliz con las críticas. Aún cuando apuntan a destrozarme. Siempre se aprende de ellas", declaró.